Causas de manchas blancas en las amígdalas: razones y tratamientos comunes
Descubrir manchas blancas en las amígdalas puede ser alarmante, especialmente cuando va acompañado de molestias en la garganta o dificultad para tragar. Imagínate lo siguiente: te estás cepillando los dientes una mañana y, cuando abres de par en par para mirarte la garganta en el espejo, observas unas manchas blancas inusuales donde debería estar el tejido rosado. Si bien estas manchas suelen ser motivo de preocupación inmediata (muchas personas temen lo peor), la buena noticia es que la mayoría de las causas se pueden tratar fácilmente con los cuidados adecuados. En la mayoría de los casos, las manchas blancas en las amígdalas son el resultado de afecciones comunes y controlables, como infecciones o cálculos amigdalinos, más que de problemas de salud graves.
En Sleep & Sinus Centers of Georgia, con frecuencia ayudamos a los pacientes a comprender y tratar las afecciones de la garganta y las amígdalas como parte de nuestra atención integral de otorrinolaringología. Nuestros especialistas atienden a docenas de pacientes semanalmente con problemas similares, y hemos ayudado a miles de personas a encontrar alivio para los problemas problemáticos de las amígdalas en toda el área de Atlanta.
Esta guía completa lo ayudará a comprender qué causa las manchas blancas en las amígdalas, explorar remedios caseros efectivos respaldados por investigaciones médicas y reconocer cuándo es el momento de buscar una evaluación otorrinolaringológica profesional. Vamos a desmitificar juntos este problema común de garganta, con la ayuda de conocimientos que te permitirán tomar decisiones de salud informadas.
¿Qué son las manchas blancas en las amígdalas?
Comprender las amígdalas y su función
Las amígdalas son dos masas de tejido de forma ovalada ubicadas en la parte posterior de la garganta, que sirven como la primera línea de defensa del cuerpo contra los gérmenes que entran por la boca o la nariz. Piensa en ellas como guardias de seguridad en la entrada de los sistemas respiratorio y digestivo. Estos guerreros del sistema inmunitario contienen millones de glóbulos blancos que ayudan a atrapar y combatir las bacterias y los virus antes de que puedan penetrar más profundamente en el cuerpo.
Las amígdalas sanas suelen tener un aspecto rosado y liso, similar al tejido circundante de la garganta, muy parecido al interior de la mejilla. Sin embargo, su estructura única, con pequeñas bolsas denominadas criptas (cuyo número puede oscilar entre 10 y 30 por amígdala), las hace susceptibles de atrapar residuos, bacterias y otros materiales. Estas criptas funcionan como pequeñas hendiduras en una esponja y atrapan partículas que, al acumularse o infectarse, pueden, con el tiempo, formar manchas o manchas blancas.
Aspecto y características comunes de las manchas blancas
Las manchas blancas en las amígdalas pueden presentarse de formas notablemente variadas, lo que dificulta el autodiagnóstico. Es posible que notes pequeños puntos blancos no más grandes que la cabeza de un alfiler, parches más grandes que cubren partes importantes de la superficie de las amígdalas o formaciones en forma de rayas que parecen trazos de pincel sobre el tejido. Estas manchas pueden aparecer en una amígdalas o en ambas y, con frecuencia, vienen acompañadas de enrojecimiento o hinchazón del tejido circundante, lo que crea un marcado contraste con el fondo rosado inflamado.
La textura puede variar desde suaves y fáciles de quitar (como el requesón que se puede raspar suavemente) hasta formaciones duras parecidas a piedras incrustadas en lo profundo de las criptas de las amígdalas. Algunos pacientes describen estas formaciones más duras con la sensación de «granos de palomitas de maíz clavados en la garganta», mientras que otros comparan las manchas más blandas con «yogur que recubre la parte posterior de la garganta».
Comprender la apariencia y la textura de las manchas blancas ayuda a distinguir entre las diferentes causas y guía los enfoques de tratamiento adecuados.
Causas comunes de manchas blancas en las amígdalas
Infecciones bacterianas: los principales culpables
Faringitis por estreptococos es la bacteria más común responsable de las manchas blancas en las amígdalas y afecta a millones de estadounidenses cada año. Esta infección estreptocócica crea manchas blancas o amarillas características que parecen ampollas llenas de pus, acompañadas de un dolor de garganta intenso que muchos describen como un dolor intenso y agudo al tragar. Por lo general, el dolor aparece de forma repentina, con frecuencia en cuestión de horas, y trae consigo fiebre alta (con frecuencia de más de 38,3 °C) e inflamación de los ganglios linfáticos que se sienten como canicas sensibles en el cuello.
Lo que hace que la faringitis estreptocócica sea particularmente preocupante es su potencial de complicaciones si no se trata. Sin un tratamiento antibiótico adecuado, el estreptococo puede provocar fiebre reumática o inflamación de los riñones, por lo que es esencial un diagnóstico y un tratamiento rápidos. La infección se propaga fácilmente a través de las gotitas respiratorias, lo que explica por qué a menudo se propaga por los hogares y las aulas como un incendio forestal. Con el tratamiento antibiótico adecuado, los pacientes con faringitis estreptocócica suelen dejar de ser contagiosos después de unas 24 horas.
Infecciones virales: más comunes de lo que cree
Amigdalitis pueden deberse a infecciones virales o bacterianas, y las causas virales son más comunes y representan alrededor del 70% de los casos. Cuando son causadas por virus, las amígdalas se inflaman y forman manchas blancas que parecen más una capa blanquecina que manchas diferenciadas. Además de las zonas blancas visibles, es probable que presentes unas amígdalas enrojecidas e inflamadas que pueden tocar la parte media de la garganta (a veces llamadas «amígdalas que se besan»), dificultad para tragar, que hace que incluso te resulte difícil beber agua, y un mal aliento persistente que el enjuague bucal no puede eliminar.
Mononucleosis infecciosa, comúnmente llamada «mononucleosis» o «enfermedad de los besos», es causada por el virus de Epstein-Barr y afecta a muchos adultos jóvenes. Esta infección produce manchas gruesas de color blanco grisáceo en las amígdalas que pueden extenderse hasta el paladar blando, además de una fatiga extrema que puede resultar abrumadora. El agotamiento puede durar semanas o incluso meses, lo que distingue a la mononucleosis de otras infecciones de garganta. La mononucleosis suele ir acompañada de inflamación de los ganglios linfáticos de todo el cuerpo (no solo del cuello, sino también de las axilas y la ingle), lo que crea una constelación de síntomas que los médicos experimentados reconocen de inmediato.
Infecciones fúngicas: los invasores oportunistas
Candidiasis oral se produce cuando la levadura Candida, que normalmente está presente en pequeñas cantidades en la boca, crece demasiado y crea problemas. A diferencia de las infecciones bacterianas, la candidiasis produce lesiones de color blanco cremoso que se asemejan a la leche cuajada y, con frecuencia, se pueden limpiar con un bastoncillo de algodón, aunque al hacerlo se puede revelar un tejido rojo e inflamado que se encuentra por debajo y que sangra levemente. Esta afección es más frecuente en los recién nacidos y en las personas con sistemas inmunitarios debilitados.
La candidiasis bucal es más frecuente en personas con sistemas inmunitarios debilitados, en personas que han terminado recientemente un tratamiento con antibióticos (que pueden alterar el equilibrio natural de los organismos de la boca) o en personas que usan corticosteroides inhalables para el asma sin enjuagarlos adecuadamente después. Esta afección suele crear una capa difusa parecida al algodón en la boca que puede afectar la percepción del gusto.
Causas no infecciosas: cuando no se trata de una infección
Piedras en las amígdalas (tonsilolitos) se forman cuando los desechos, las células muertas, la mucosidad y las bacterias quedan atrapados en las criptas de las amígdalas y se endurecen hasta formar formaciones blancas o amarillentas. Estos depósitos calcificados, que afectan hasta al 10% de la población, suelen provocar un mal aliento persistente que puede resultar particularmente molesto. Aunque por lo general son inofensivos, los cálculos amigdalinos pueden crecer hasta alcanzar tamaños impresionantes; en algunos casos documentados se registran cálculos de más de un centímetro de diámetro.
El proceso de formación es similar al que se desarrollan las perlas en las ostras, excepto que en lugar de crear algo hermoso, se obtienen restos calcificados que huelen mal. Las personas con criptas amígdalas más profundas o aquellas que han tenido infecciones reiteradas en las amígdalas son más propensas a desarrollar estos molestos cálculos. Para quienes tienen dificultades con mal aliento crónico, los cálculos amigdalinos pueden ser una causa que se pasa por alto.
Causas menos comunes pero graves
Si bien es poco frecuente, leucoplasia y cáncer oral puede presentarse ocasionalmente como manchas blancas en las amígdalas o cerca de ellas. La leucoplasia se presenta como manchas gruesas y blancas que no se pueden raspar y que pueden indicar cambios precancerosos. Estas lesiones afectan a menos del 1% de la población, pero requieren un seguimiento cuidadoso. Cualquier mancha blanca que persista durante más de dos semanas, especialmente en fumadores o bebedores empedernidos, requiere una evaluación profesional inmediata.
La mayoría de las manchas blancas en las amígdalas son benignas y tratables, pero los síntomas persistentes siempre merecen una evaluación profesional para descartar afecciones graves.
Síntomas asociados a los que hay que prestar atención
Síntomas acompañantes comunes: panorama completo
Comprender el espectro completo de los síntomas ayuda a determinar la causa subyacente y el enfoque de tratamiento adecuado. Presta atención a la gravedad del dolor de garganta: ¿se trata de una molestia leve que apenas se nota o de un dolor agudo y punzante que hace que te estremezcas con cada trago? Ten en cuenta cualquier patrón de fiebre, ya sea una temperatura baja que oscila entre 99 y 100 °F (37,2 a 37,8 °C) o picos peligrosos por encima de los 103 °F (39,4 °C) que te hacen temblar bajo las mantas.
La dificultad para tragar puede variar desde una leve molestia hasta una incapacidad total para controlar incluso la propia saliva. El mal aliento persistente que no mejora con el cepillado, el dolor de oído que parece un dolor profundo (debido a las vías nerviosas compartidas entre la garganta y los oídos) y los cambios en la voz, que van desde una leve ronquera hasta una pérdida total, proporcionan importantes pistas diagnósticas sobre la causa de esas molestas manchas blancas en las amígdalas. Estos síntomas también pueden estar relacionados con goteo posnasal, lo que puede irritar la garganta y contribuir al riesgo de infección.
Síntomas de alerta que requieren atención inmediata
Ciertos síntomas indican la necesidad de atención médica urgente: estas son las alarmas de emergencia del cuerpo. Busca atención médica inmediata si tienes dificultades para respirar o sientes que las vías respiratorias se están cerrando, si no puedes tragar saliva y te hace babear, si tienes fiebre de más de 103°F (39,4 °C) que no responde a los antifebriles o si estás muy deshidratado por no poder beber líquidos. Además, los síntomas que persisten más de una semana a pesar del tratamiento en el hogar, el dolor de garganta intenso de un solo lado (que podría indicar un absceso periamigdalino) o cualquier hinchazón del cuello que se sienta firme y no se mueva justifican una evaluación profesional inmediata para descartar enfermedades graves.
Nunca ignore los síntomas graves o la dificultad para respirar; estos requieren atención de emergencia inmediata.
Remedios caseros y estrategias relajantes
Medidas de confort inmediatas: alivio al alcance de la mano
Mientras esperas a que tu cuerpo combata las infecciones o a que surta efecto el tratamiento médico, hay varios remedios caseros basados en la evidencia que pueden brindar un alivio significativo. Hacer gárgaras con agua tibia con sal (½ cucharadita de sal en 8 onzas de agua tibia) tres o cuatro veces al día ayuda a reducir la inflamación, ya que extrae el exceso de líquido de los tejidos inflamados y elimina los restos; considéralo un ciclo de enjuague suave para la garganta. Este sencillo remedio puede proporcionar un alivio notable del dolor a muchos pacientes.
Beber infusiones de hierbas calientes con miel no solo alivia los tejidos irritados de la garganta, sino que también proporciona beneficios antimicrobianos naturales. La miel tiene propiedades antibacterianas naturales y puede aliviar la garganta, aunque no sustituye a los antibióticos cuando hay una infección bacteriana. Los trocitos de hielo o las bebidas frías pueden aliviar el entumecimiento, y muchos pacientes alternan entre bebidas frías y calientes para mayor comodidad.
Modificaciones del estilo de vida para una recuperación más rápida
Apoyar su recuperación implica ajustes de estilo de vida simples pero cruciales. Mantente bien hidratado bebiendo al menos de 8 a 10 vasos de agua al día para mantener húmedos los tejidos de la garganta y ayudar a eliminar las toxinas. Una hidratación adecuada favorece los procesos naturales de curación del cuerpo. Consume alimentos blandos y no irritantes que no te rasquen la garganta: piensa en batidos repletos de vitaminas que estimulan el sistema inmunitario, en sopas tibias (no calientes) que proporcionan nutrición sin irritar y en un cremoso puré de patatas que se desliza fácilmente.
El uso de un humidificador para mantener entre un 40 y un 60% de humedad añade la humedad esencial al aire seco, lo que evita una mayor irritación de la garganta y promueve la curación, especialmente durante el sueño, cuando es común respirar por la boca. Esto puede ser particularmente útil para quienes también experimentan apnea del sueño, ya que respirar por la boca con frecuencia empeora la irritación de la garganta. Evita los irritantes, como el humo del cigarrillo, los perfumes fuertes y el alcohol, que pueden retrasar la cicatrización y empeorar los síntomas.
Los remedios caseros alivian los síntomas, pero no curan las infecciones bacterianas que requieren antibióticos; busque siempre atención profesional cuando los síntomas persistan o empeoren.
Cuándo consultar a un otorrinolaringólogo
Señales de que necesita una evaluación profesional: no espere demasiado
Si bien muchos casos se resuelven con la atención domiciliaria, ciertas situaciones requieren una evaluación experta por parte de un otorrinolaringólogo. Si presentas manchas blancas en las amígdalas tres o más veces al año (lo que indica una posible amigdalitis crónica), si los síntomas duran más de 10 días a pesar del tratamiento en el hogar o si sientes un dolor intenso que afecta tu capacidad para comer, beber o dormir con normalidad, es hora de consultar a un profesional. Los síntomas unilaterales, las dificultades respiratorias o los cambios en la voz que duran más de dos semanas siempre merecen una evaluación profesional inmediata.
Según los criterios establecidos, la amigdalectomía puede considerarse en pacientes con amigdalitis recurrente frecuente, que normalmente se define como siete o más infecciones al año, cinco infecciones al año durante dos años consecutivos o tres infecciones al año durante tres años. Nuestros Especialistas en ORL puede evaluar si la intervención quirúrgica podría beneficiar su situación específica.
Qué esperar durante su visita al otorrinolaringólogo
La evaluación otorrinolaringológica comienza con una historia clínica completa y un examen físico minucioso de la garganta, el cuello y las orejas. Con iluminación e instrumentos especializados, el médico puede ver detalles invisibles a simple vista. Si es necesario, la laringoscopia flexible (una cámara delgada y flexible que se introduce a través de la nariz) permite la visualización directa de las estructuras más profundas de la garganta para identificar las causas menos frecuentes, y todo ello en cuestión de minutos con un mínimo de molestias.
Las pruebas de diagnóstico pueden incluir pruebas rápidas de estreptococos que arrojan resultados en minutos, cultivos faríngeos para la identificación definitiva de las bacterias (resultados en 24 a 48 horas) o análisis de sangre para detectar la mononucleosis o evaluar el funcionamiento del sistema inmunitario. Luego, el especialista analizará las opciones de tratamiento adecuadas en función de estos hallazgos y elaborará un plan personalizado para tu situación específica.
La evaluación profesional garantiza un diagnóstico preciso y un tratamiento adecuado, lo que evita las complicaciones y proporciona un alivio más rápido.
Opciones de tratamiento profesional
Tratamientos médicos: soluciones de prescripción
Las infecciones bacterianas como la faringitis estreptocócica requieren antibióticos (generalmente penicilina o amoxicilina) para prevenir complicaciones y acelerar la recuperación. Es fundamental completar todo el tratamiento recetado (por lo general, 10 días), incluso si los síntomas mejoran después de 2 a 3 días, ya que dejar de tomarlo pronto puede provocar resistencia a los antibióticos y la recurrencia de la infección. El tratamiento antibiótico adecuado reduce considerablemente el tiempo de recuperación y evita complicaciones graves.
Para las infecciones por hongos, como la candidiasis oral, los medicamentos antimicóticos, como los enjuagues con nistatina o las tabletas de fluconazol, eliminan eficazmente la infección en un plazo de 7 a 14 días si se usan según las indicaciones. Por lo general, las infecciones virales no responden a los antibióticos, pero los cuidados de apoyo con analgésicos, medicamentos antiinflamatorios y, a veces, corticosteroides para la inflamación grave pueden brindar un alivio significativo.
Procedimientos en el consultorio: cuando los medicamentos no son suficientes
A veces, las intervenciones en el consultorio brindan el alivio más efectivo. La extracción de los cálculos amigdalinos mediante extracción manual, irrigación con agua o criptólisis con láser puede eliminar los cálculos persistentes que causan molestias y mal aliento. Estos procedimientos, que generalmente se realizan en menos de 30 minutos, brindan un alivio inmediato que muchos pacientes consideran transformador.
Para pacientes con amigdalitis crónica que cumplen con los criterios quirúrgicos, amigdalectomía podría tenerse en cuenta. Si bien la cirugía requiere una consideración cuidadosa de los riesgos frente a los beneficios, los candidatos adecuados suelen experimentar una reducción significativa de las infecciones de garganta y una mejora sustancial de la calidad de vida después de la cirugía. Nuestros cirujanos experimentados utilizan las técnicas más modernas para minimizar las molestias y acelerar la recuperación.
La conexión con el reflujo: una causa pasada por alto
Cómo afecta la GERD a la garganta
La enfermedad por reflujo gastroesofágico (GERD) afecta hasta al 20% de los estadounidenses y puede causar una irritación de la garganta que imita perfectamente los síntomas de una infección. El ácido del estómago que llega a la garganta produce una inflamación que puede aparecer en forma de manchas o parches blancos, a menudo acompañada de la sensación de un nudo en la garganta. El reflujo silente (reflujo laringofaríngeo), en el que no se presenta la acidez estomacal típica, sigue dañando los tejidos de la garganta y afecta a muchos adultos, por lo que a menudo no se diagnostica durante años.
Controlar el reflujo mediante cambios en la dieta, la elevación de la cabeza durante el sueño y los medicamentos adecuados puede eliminar los síntomas de la garganta con los que los pacientes han luchado durante meses o incluso años. Si experimentas un aclaramiento crónico de la garganta, ronquera o tos persistente, junto con manchas blancas en las amígdalas, el reflujo puede ser la causa subyacente.
No pase por alto el reflujo como una posible causa de los síntomas crónicos de la garganta; el tratamiento adecuado puede proporcionar un alivio duradero.
Estrategias de prevención: Cómo mantenerse sano
Apoyo al sistema inmunitario: su mejor defensa
Mantener un sistema inmunitario fuerte ayuda a prevenir las infecciones de garganta antes de que comiencen. Concéntrese en una nutrición equilibrada que incluya alimentos ricos en vitamina C, en dormir lo suficiente de 7 a 9 horas por noche (la falta de sueño puede aumentar considerablemente el riesgo de infección) y en controlar el estrés mediante ejercicios regulares o técnicas de relajación. Lavarse las manos con regularidad durante al menos 20 segundos sigue siendo una de las maneras más eficaces de prevenir la propagación de la infección.
Para aquellos con infecciones sinusales crónicas, tratar los problemas sinusales subyacentes puede reducir la frecuencia de las infecciones de garganta, ya que el goteo posnasal puede introducir bacterias en la zona de la garganta.
Mejores prácticas de higiene bucal: boca limpia, garganta sana
Una excelente higiene bucal reduce las bacterias dañinas que pueden causar problemas de garganta. Cepíllese los dientes dos veces al día durante dos minutos, use hilo dental con regularidad para eliminar las partículas de comida que contienen bacterias y no olvide limpiarse la lengua donde se acumulan las bacterias. El uso de un enjuague bucal antiséptico brinda protección adicional. Sustituya el cepillo de dientes cada tres meses o después de cualquier infección de garganta para prevenir la reinfección.
La prevención mediante una buena higiene y el apoyo inmunitario siempre es mejor que el tratamiento: invierta en estos hábitos diarios para mantener la salud de la garganta a largo plazo.
Preguntas frecuentes
¿Las manchas blancas de las amígdalas pueden desaparecer por sí solas?
Sí, las infecciones virales con frecuencia se resuelven sin tratamiento en un plazo de 7 a 10 días, a medida que el sistema inmunitario combate la infección. Sin embargo, las infecciones bacterianas suelen requerir antibióticos para prevenir complicaciones y acelerar la recuperación. Los cálculos amigdalinos pueden persistir indefinidamente sin intervención.
¿Las manchas blancas en las amígdalas son siempre contagiosas?
No siempre. Si bien las infecciones bacterianas y virales son muy contagiosas (especialmente durante las primeras 24 a 48 horas), los cálculos amigdalinos, la candidiasis bucal en los adultos y la irritación relacionada con el reflujo no se transmiten a otras personas.
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